Por los corredores de la Universidad Autónoma de Occidente Adriana Barberena, una mujer de 56 años cuenta su historia mientras camina y habla al mismo tiempo, sin pausas, como si detener el relato fuera un riesgo que no está dispuesta a correr. Esta es una de las tantas historias de vida de tantas que vive la población habitante de calle.
Nieta del abogado, exparlamentario y ex alcalde de Cali, Alfonso Barberena, Adriana dejó su casa a los 14 años para convertirse, sin darse cuenta en una habitante de calle, un lugar al que no volvería nunca.
“Llegué a la calle a los 14 años buscando libertades y placeres que después me volvieron esclava y lo único que encontré fue desprecio, exclusión, y sobre todo muchos peligros y muchas cosas que uno no se las desea a nadie”, nos cuenta Adriana mientras caminamos por uno de los corredores de la Universidad Autónoma de Occidente en Cali, donde coincidimos en un taller de Gobernanza para la reducción y riesgo de daños por consumo de sustancias sicoactivas.
En Colombia, según cifras del DANE, entre 2017 y 2021 se censaron más de 34.000 habitantes de calle en 320 municipios del país. Adriana fue una de estas personas durante casi cuatro décadas, tiempo en el que conoció las drogas, las abusó y se dejó consumir por ellas. En ese mismo tiempo miró la muerte de cerca más de una vez, y también, sin haberlo planeado, fue madre. Sus dos hijas nacieron en la calle. Las su abuela.
Adriana, fue una joven que habitó la calle y que, a pesar del esfuerzo de su familia por buscarla, encontrarla y llevarla a distintos destinos en el mundo para alejarla de las calles, su capricho siempre la llevó de regreso a esa casa enorme sin techo y llena de amenazas diarias.
En la calle conoció y abusó de las drogas, En la calle enfrentó la muerte, pero también el soplo de la vida; fue allí donde conoció la maternidad, allí tuvo a sus dos hijas que fueron criadas lejos de ella por la abuela.
Después de casi 40 años de excesos Adriana encontró la mano amiga que le ofreció ayuda sin exigirle algo a cambio
“Encontré nuevamente la luz. Encontré en el barrio el Calvario a “Samaritanos de la Calle". A pesar de que llegué sin pelo, prácticamente sin piel, y también sufría alucinaciones, ellos me recibieron con un abrazo y no me dijeron cambie para que venga, sino venga para que cambie y hoy trabajo con ellos.”, cuenta con orgullo sin hacer pausa en su relato.
Con el brillo que solo le puede dar la felicidad a sus ojos y la emoción incontenible continúa su testimonio: “Hoy soy artesana, me bachilleré. Hice un curso de farmacodependencia, soy educadora terapéutica, trabajo para "Samaritanos de la Calle" y lidero un grupo de mujeres en el barrio Sucre poniendo el amor para que otras personas, otras mujeres salgan adelante.
En los próximos días viajará a Bogotá a la presentación del convenio entre el Ministerio de Igualdad y Equidad y el PNUD para el programa Construyendo Dignidad para los Habitantes de Calle, una iniciativa que busca, entre otras cosas, fortalecer las organizaciones comunitarias que llegan donde el Estado no alcanza.
Adriana conoce ese trabajo desde adentro. Lleva años haciéndolo, con menos recursos y más convicción que muchos. La diferencia es que ella no necesita que nadie le explique de qué se trata la calle. Vivió allí cuarenta años. Y eligió no volver.